Parto respetado en un hospital de Rosario bajó cesáreas a la mitad

Parto respetado en un hospital de Rosario bajó cesáreas a la mitad

9 octubre 2017 | Salud

En el Hospital Roque Sáenz Peña sólo en el 18% de los primeros 100 partos fue necesaria la intervención en quirófano.

Por Mauro Aguilar

El 28 de agosto Rosa Méndez fue mamá por primera vez. Brianna pesó 2,4 kilos y de inmediato tuvo contacto piel a piel con Rosa durante dos horas, una política que busca favorecer el apego inmediato y que es estricta dentro de las prácticas que se aplican en el hospital Roque Sáenz Peña de Rosario. La joven de 20 años habla con Clarín en una de las habitaciones de la flamante Area de Atención Integral de la Mujer y sonríe. “Me regustó. El lugar, el espacio. Nosotros no tenemos mutual y nos atendieron de diez”, explica.

Ella forma parte de un “protocolo amigable que tiene como protagonistas a las madres y a sus hijos”, según explica Gustavo Bacci Fava, jefe de obstetricia y ginecología y autor en 2011 de un proyecto que permite notables mejoras en los partos.

En este lugar, sólo en el 18% de los casos se recurrió a cesárea, cuando el promedio en los centros de salud públicos de la ciudad oscila entre el 25 y el 30% y un 60% en los privados, similar a lo que ocurre enBuenos Aires. Según la OMS, el porcentaje de cesáreas no debería superar el 15%.
Inaugurada el 24 de julio, luego de los primeros 100 nacimientos -en un plazo de un mes-, sólo en 12 casos se utilizó anestesia peridural –los registros en Rosario alcanzan el 80%-, mientras que la hormona para estimular contracciones o acelerar el parto bajó del 78 al 16% y la aplicación de suero intravenoso del 80 al 28%.

El corte en la vulva se redujo de un 25 a un 8% y las ligaduras de cordón oportuno pasaron de un 40 a un 92%. Un 90% de las madres utilizó la ducha o inmersión para la relajación y analgesia previa a dar a luz. Romper la bolsa, práctica habitual para acelerar el nacimiento pero que altera también al bebé, se redujo del 82 al 28%. “Los números nos partieron la cabeza”, se entusiasma el director del hospital, Matías Vidal. Explica que la idea es “volver a lo simple”, intentando asemejar las condiciones a las de un parto domiciliario, pero con contención profesional y recursos.
El contacto de piel a piel (Copap) entre madre e hijo es estricto. Incluso en caso de una cesárea, si la mujer está en condiciones y lo desea. Tiene resultados comprobables: el recién nacido regula la respiración, se estabiliza hemodinámicamente, protege su desarrollo cerebral, se adapta mejor a la lactancia. Es clave. El caso de Silvana Herrera lo demuestra.

La mujer, de 37 años, no sabía que estaba embarazada. Le parecía sugestivo tener antojo de torta asada. Pero no advertía más. Lucas nació el 4 de agosto cuando Silvana fue al baño. “Me encontré con la sorpresa ahí”, cuenta. El bebé tenía 32 semanas de gestación y pesaba 1,2 kilos. Los cuidados médicos lo ayudaron a vivir, pero los profesionales insisten en que el Copap fue decisivo para que 25 días después esté pesando 1,8 kilos. Cuando alcance los 2,2 kilos le darán el alta.

“Esto que estamos haciendo también es última tecnología: humanizar la atención”, plante la jefa de neonatología, Marisel Soldani. “En todas las neo se usa morfina para calmar el dolor del bebé y acá agua con azúcar y que esté sobre la mamá. El bebé se calma. Son cosas que están documentadas científicamente y que acá se decidieron hacer”, detalla Vidal.

Entre las herramientas que ayudan al parto están las telas colgadas del techo, pelotas, colchonetas, bancos o camas que adoptan diferentes posiciones para técnicas de parto más cómodas. Bañeras para relajar a las mujeres y para provocar nacimientos debajo del agua –hubo 8 así-, acompañamiento del familiar elegido en todo el proceso de parto y acceso permanente de las madres y un acompañante a la sala de neonatología. Es lo que el secretario de Salud de Rosario, Leonardo Caruana, llama “cambio de paradigma”.

En el primer nacimiento que se registró el padre pudo ingresar a la sala junto a su otro hijo, de dos años. “No sabés la cara que tenía esa criatura”, cuentan los profesionales. Son parte de un proyecto que se comenzó a gestar hace cinco años y que requirió una reforma edilicia y la compra de equipamiento de última generación. De los 130 partos contabilizados, sólo 8 bebés pasaron a neonatología. “Cuando respetás los tiempos todo se complica menos”, dice Vidal.

El hospital cuenta con 4 salas de Trabajo y Recuperación con equipamiento de avanzada, climatizadas, musicalizadas e iluminadas para no incomodar a las madres y a sus bebés. Los profesionales del Roque Sáenz Peña plantean que la mujer embarazada “no es una paciente ni está enferma”, sino que atraviesa un proceso fisiológico que requiere tiempos y cuidados especiales. Intentan desmentir así la idea de que forman parte de un mecanismo de “producción en serie”.

Fuente: Clarín.com

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